Hace 21 años, todavía con cara de nena, arrasaba con su vozarrón y su poncho en Cosquín abriendo el juego a una nueva generación de folcloristas. Hoy, consagrada y más intimista, quiere reinventarse bailando y escribiendo sus propias canciones. Una charla encantadora con una chica que es un tifón interior.

por Javier Firpo para Revista Rumbos

Sole se muerde los labios cuando habla de cosas propias de hace veinte años. No puede creer que esas cosas que decía su abuela las esté pronunciando ahora ella, la cantante de Arequito, que en octubre cumplirá 37 años. “Me cuesta entender que yo diga que soy de otra época, pero es así. Siempre me creí una pibita, me siento chica, pero estoy rumbo a los 40”.

Soledad Pastorutti es un montón de expresividad concentrada en su frescura, en sus gestos varios y en esas manos que dibujan montones de garabatos en el aire. Su espontaneidad es la que magnetizó a la multitud hace dos décadas y la que aún hoy cautiva con mil shows sobre sus espaldas, una docena de discos, un Grammy latino, tres premios Gardel, un marido oficial desde hace una década y dos pequeñitas, Antonia y Regina.

“Verás que no me quedé quietita… ¿Viste, no?”, ironiza la artista, que sigue apostando por las entrevistas a la hora de la comunicación. “En estos veinte años, si algo aprendí es que hablando se entiende la gente. Hablando, no tuiteando ni chateando -subraya-. Y a mí me gusta hablar, que la gente se entere de las cosas que estoy haciendo. Para un artista ser entrevistado es fundamental; porque Rumbos, en este caso, es el canal de difusión de lo que me está pasando, más allá de que yo tenga mis propias fuentes para expresarme, como las redes sociales. Y ahora estoy en momento bisagra, especial en mi carrera”, abre sus brazos.

Vos estás llena de momentos especiales. ¿Cuál sería éste?

Estoy transitando el cierre de una etapa, el final de mis primeros veinte años con la música. Quiero dar vuelta la página y aprovechar las oportunidades que están surgiendo.

¿Por ejemplo?

Mostrar canciones escritas por mí, algo que hasta ahora no había profundizado… Estoy animándome a darle rienda suelta a mi muñeca y dejarme llevar por lo que salga. Ahora está sonando una copla que se llama “Canta”, con la que abro estos shows de agosto en el Gran Rex.

¿Asoma la Soledad cantautora?

Avanza de a poco. Lo que más noto es que componer, sin dudas, me enriquece. Estoy convencida de que existe la autora, está escondida, tímida, pero menos vacilante. Y busco también optimizar a la intérprete, que crezca también. Quiero que la gente pueda escucharme y notar el cambio de mi registro, que estoy puliendo con mis profesoras Mavy Díaz y Katie Viqueira.

¿Por qué estás puliendo tu voz?

Llegué a un techo vocal. Lo aprendido ya no me alcanza; además quiero sacarme de encima vicios que no me benefician. Tengo un estilo que lleva veinte años y un cambio en el modo y en el tono es imprescindible. Quiero descubrir hasta dónde puedo llegar. Me debo eso: pensar un poco en mí. Siempre fui funcional a los demás, pero porque yo quería -deja en claro-; obediente a un mercado que me necesitaba y al que yo necesitaba.

Decías que querés sacarte los vicios… ¿A qué te referís?

Por ejemplo, a terminar mis canciones con un vibrato muy extendido -ejemplifica- al final de una frase. Tratar de tener más técnica que voluntad, pero siempre de acuerdo a mis posibilidades: cuando canto, no puedo respirar solo por la nariz, porque tengo una sinusitis que me acota la capacidad respiratoria.

¿Tu voz es tu talón de Aquiles?

Mi registro medio ronco es un sello distintivo. Pero no es un estilo elegido, tiene que ver con los nódulos que tengo en las cuerdas vocales. Por suerte, pude tratarme, evitar la operación y “construirme” con esa dificultad. Al principio terminaba disfónica, hasta que estudiando canto pude sortear ese problema.

Entonces es tiempo de salir al mercado con otras armas.

A mí me lanzaron al escenario así como estaba, crudita, y me fui haciendo camino. No tuve la preparación necesaria. Entonces me surgen necesidades que antes no tenía como, por ejemplo, saber bailar, moverme mejor en el escenario.

Alguna vez dijiste que naciste artísticamente discutida.

Es cierto. Yo era un ternerito que tenía condiciones, talento, pero necesitaba educación y técnica; y me abrieron la tranquera y empecé a correr por todos lados como pude y me salió increíble.

La piel que habito

La Sole pide otro cortadito y hace el gesto del tamaño. Dicharachera, cuenta anécdotas que van abriendo ventanas a los recuerdos y aparecen los nombres de su querido Horacio Guarany, Mercedes Sosa y el Chaqueño Palavecino, y de amigos como Luciano Pereyra y Abel Pintos.

¿Cuánto cuesta bajar la persiana de un negoción para abrir un local con productos “más finos”, pero que desconoce su nueva clientela?

Está bien la figura, porque es algo así. Veinte años, en realidad veintiuno de mi primer Festival de Cosquín, vendiendo a todo el mundo pan calentito y ahora busco abrir el juego y vender… bruschettas (risas).

¿Creés que inventaste otro tipo de folclore?

No, inventar no, me animé a hacer otra cosa. Y siento que a partir de mi ingreso y consolidación en el folclore, se abrieron las puertas para muchos jóvenes.

Dicen los que están más cerca tuyo que minimizás tus logros.

Lo escuché, pero no lo creo. Solo prefiero ser más prudente.

¿Sos consciente de todo lo vivido?

A veces no; entonces los que más me conocen me llaman la atención. A veces todos necesitamos una palmada para levantar la autoestima.

¿Caés a veces?

Sí, claro. Igual volví a ser el Tifón de Arequito aquella noche del 26 de enero de 2016, cuando cumplí los 20 años de mi primera aparición en Cosquín, y me mimaron como nunca.

¿Te envalentonó un poco?

Ufff (suspira)… Me costó asimilar algunos elogios fuertes. Abel Pintos me dijo: “Muchos de los jóvenes de entonces te vimos a vos y nos animamos a cantar”. Y Jorge Rojas, que el folclore hubiera sido otro sin mí. Me emocionaron. Entendí que había hecho algo importante: no sólo construir una carrera, sino refrescar un género que tenía a sus amos y señores feudales (se ríe sin maldad).

Justo mencionás a Abel Pintos. La etapa que atraviesa hace años es impresionante. ¿Hay un poco de celos?

¿Qué? No, cero. Abel es un grande, lo quiero mucho. Tenemos cosas parecidas… Él está viviendo con treinta y pico, y mejor plantado, lo que yo vivía con veinte y la enésima parte de su preparación. Yo estaba más arraigada a Arequito y Buenos Aires siempre era un cuco; en cambio, Abel despegó cuando ya había soltado a su Bahía Blanca natal.

¿Te gustan sus canciones?

Abel es un artista con una seguridad y determinación que pocos tienen. Su repertorio me gusta mucho, mi canción favorita es “Sueño dorado”; ¡yo la conocía antes de que explotara! Ese tema lo definió como cantautor.

¿Qué te pasa cuando mirás videos de tus inicios?

Me sigue sorprendiendo la frescura y la personalidad de alguien que no parecía de 15 años. Cuando veo a esa nena cantando, no lo puedo creer, pero a la vez hoy soy la consecuencia de aquella delirante que empezó a revolear el poncho cuando le habían pedido (el propio Julio Maharbiz, emblemático presentador de Cosquín) que no lo hiciera.

Desarrollaste una personalidad fuerte siendo muy jovencita.

A veces siento que se me fue de las manos. La personalidad se convirtió en un personaje que durante buen tiempo se devoró a la artista. Quería que la cantante se sintiera más segura, pero mi criatura -la personalidad- era una aplanadora.

¿Buscabas reconocimiento?

Quería que me valoraran por mi voz y mi estilo, pero siempre se anteponía mi personalidad; que no es poca cosa, pero bueno, siempre veo el vaso medio vacío. Jeremías, mi marido, me remarca que soy muy exigente, inconformista y autocrítica.

¿Tiene razón Jeremías?

Un poco sí. Pero también tiene que ver con mi manera de ser, me gusta tener siempre un poco de hambre, sentirme en la búsqueda de algo.

Pero vos ya estás instalada.

Sí, pero tengo que trabajar cada día para estar allí, para no ser olvidada.

También podrías ir a lo seguro y hacer lo de siempre.

Podría, pero no quiero. Sería más cómodo cantar siempre “A Don Ata” o “El tren del cielo”, pero tengo muchas ganas de hacer otras cosas.

¿Te sentís querida?

Muy querida.

¿Cuán importante es para vos el cariño de la gente?

Casi todo.

Se advierte que no perdiste esa voracidad…

No, por suerte, quiero ir por más. Descubrí un costado positivo de la ambición. El día que me sienta desganada, largo todo y me quedo en casa con mis hijas Antonia y Regina.

¿Hacés terapia?

No, nunca hice. Cada vez me mandan más seguido a ver a un psicólogo, pero trato de arreglármelas solita. Igual no lo descarto a futuro.

¿Cómo es tu relación con la faceta virtual de un músico, los likes y retuits de los videos o fotos que se postean en las redes?

Me llevo mal, no tengo facilidad para el asunto, aunque me garantizaran un millón de likes en una hora.

¿No harías un reggaetón?

No, sería choreo… Veo que muchos lo hacen y les funciona, pero me siento ajena, incómoda.

Entonces con vos no hay manera de negociar para hacer una versión folclórica de “Despacito”.

(Suspira) La vida me enseñó a nunca decir nunca, porque no sabemos cómo viene la mano… Pero siempre haré canciones que sienta profundamente, no voy a especular. No soy una estratega, soy cantante. Y a propósito de “Despacito”, siempre hubo un “Despacito”. En mi adolescencia era “La ventanita”, del grupo Sombras; después aparecieron grandes artistas como Ricky Martin con su “Livin la vida loca” y Chayanne con “Provócame”.

¿Te sentís un producto comercial?

Yo hago un producto comercial, pero no lo soy. Vivo de la venta de mi música y también de la imagen.

¿De la imagen?

Me gusta verme bien, forma parte del packaging.

Cambiaste tu look y te convertiste en una chica ¿más sexy?

¿Para tanto, che? Cambié, lo reconozco; y creo quea partir del nacimiento de mis hijas, cambió mi relación con el cuerpo, me sentí mucho más mujer. Me gusta vestirme, usar polleras, tacos, me animo a más.

Acabas de cumplir diez años de casada más siete años de noviazgo con Jeremías. Casi la mitad de tu vida.

Lo sigo eligiendo, me sigue gustando, y eso que somos dos polos opuestos: él pura quietud, yo movimiento; él es más reflexivo, yo impetuosa; él silencioso, yo locuaz; él es cariñoso y yo no tanto. Nos complementamos a la perfección.

¿Nunca discuten?

Rara vez. A veces cuando él se escapa a pescar, le digo que también me quiero ir a un spa, pero como soy madre culposa, me termino quedando con mis hijas. Les debo tiempo en familia cuando salgo de gira, así que si puedo, me quedo con ellas. No lo dudo.

¿No te permitís una escapada de placer sola con tus amigas?

Me cuesta, te juro.

¿Celos de Jeremías hacia vos, o viceversa?

Ni un poco, che. No nos hablamos por teléfono, no le pregunto qué hace, él tampoco; pero no por desinterés, sino porque hay una confianza plena. Antes era más celosa, pero ahora hasta le digo que mire cuando pasa una chica linda… Jere sigue siendo mi modelo de hombre, el que más me gusta.

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2 Comentarios

  1. flavia
    23 de agosto de 2017
    Responder

    hermosa nota ,
    la admiro como artista ,pero sobre todo como persona !!!!

  2. 12 de diciembre de 2017
    Responder

    Sole! Sos una artista que nos hizo, hace y seguramente hará vibrar con su música. Gracias por ponerle música a nuestra vida. Éxitos.

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