Soledad en Chile: alegría desenfrenada, pasión, cariño y admiración profunda


 

Soledad en Chile

por Araceli Navarro Rojas para laSole.net

Cuando Dyego me ofreció escribir estas líneas, me emocioné mucho y le agradecí profundamente. Cuando Soledad también me dijo, mi corazón dio grandes saltos y mi garganta se secó, así como mis palabras físicas, oíbles y sencillas.

Hoy, no tengo excusa,
“Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas” (Poema 5 – Pablo Neruda)

Chile, como es sabido, es un país de geografía angosta y larga, pero convulsionado y trágicamente azotado muchas veces y no tan sólo por la naturaleza lo digo. Muchos de sus paisajes son pintados a mano, sin nada que envidiar a otros lugares y desde la tragedia a la belleza, han inspirado a muchos.

El chileno, es aguerrido, público fiel, luchador; aunque caigan veinte, de esas veinte se volverá a poner de pie; solidario y por culpa de un grupo, mal catalogado traidor. Tenemos muchos conflictos por resolver y dentro de esos muchos, está nuestra identidad, el lugar que merecen nuestros pueblos padres y nuestro folclor.

El folclore como rama, no es muy aceptado, es discriminado y nos gobiernan ritmos lejanos, pero hoy por hoy, hay savia nueva que resurge en las nuevas generaciones y en las relaciones con nuestros vecinos que nos enriquecen.

Soledad comenzó a aparecer por el sur, los ritmos allí se unen mucho y yo diría que con el disco “La Sole” despacito comenzó a escucharse en Punta Arenas, Coyhaique, Puerto Montt, Osorno, Villarrica, Pucón. Se habla mucho de que apareció en Chile con el disco “Yo si quiero a mi país”, pero eso no es así, ella ya venía siendo escuchada desde el sur. Con “Yo si quiero a mi país”, Soledad llegó a Santiago y comenzó a dispersarse su música por el resto del país, llegó a Viña del Mar y eso contribuyó a su popularización. Se presentó el 2000 y luego el 2002; la que sería por el momento su última presentación en el Festival Internacional de la canción de Viña del Mar; después de ello tuvo muchas visitas a Chile, que fueron de a poco mermando y siendo más lejanas.

En lo personal, la conocí entre 1999 y 2000, la escuché en la radio gracias a una recomendación, adoré su voz de inmediato, pero la imaginaba una señora mayor, quizás un poco menor que la tan querida Mercedes Sosa. Hasta que un día la televisión estaba encendida por estar no más, conversaba con mamá y de repente esa voz sin rostro surgió desde el televisor, me giré y mi sorpresa fue gigante al ver una niña chiquita, que por lo que decía en pantalla, era un poquito mayor que yo, pero que cantaba con esa extraordinaria voz (eso fue en el programa “Pase lo que pase” del fallecido conductor Felipe Camiroaga). Desde ese momento no la olvidé jamás.

Luego vinieron los discos “Soledad”, “Libre”, los que vino a presentar a Chile. Fue recién en el año 2003 cuando la pude conocer en persona y disfrutar de un show en vivo en el “Festival del Huaso de Olmué”. Regresó después con “Adonde Vayas” y ahí fui a mi primer concierto que pude costear. Pensé que se vendría gira o más conciertos, pero nos tocó esperar. Luego se dio la posibilidad de viajar a Arequito por primera vez el 2004, luego el 2005, celebrar 10 años, volver a Arequito en el 2010 para el disco “Vivo en Arequito” y de su vuelta a Chile, poco o nada.

Fue para el 2013, cuando Soledad volvió con su gira “Canciones a la carta” a un teatro Caupolicán nervioso, expectante; sin embargo no menos abarrotado de cariño. Esa vez tuve la suerte de salir sorteada y subir al escenario para que Soledad y Natalia, mis favoritas de años, compartieran conmigo y con el público presente, una de sus canciones estrella como los es: “Alma, corazón y vida”.

Soledad prometió volver y así lo hiso. Fue a fines del 2015 cuando se aventuró a “Puerto Varas” cosechando un éxito rotundo. En el primer semestre de este 2016, regresó a Santiago a un “Teatro Nescafé de las Artes” agotado; para continuar a un “Teatro de Viña del Mar” repleto. Después de aquello, pensamos que ya por este año no regresaría, pero fue cuando anunció su tan esperada gira por el sur del país y así comenzar a celebrar sus 20 años de carrera artística.

Se sumó Casino Dreams Temuco, Dreams Coyhaique, Dreams Puerto Varas, Sun Monticello Santiago, Casino Dreams Valdivia, Punta Arenas – Festival de la Patagonia, Teatro de la Universidad de Concepción y el nuevo Teatro Municipal de Chillán.

Por dinero y tiempo no se podría acompañar a todos los lugares, pero fue tan lindo como se vivió todo y enterarme como Chile quiere y recuerda a Soledad.

Gente en Temuco que no la veía de años y que con gran emoción adquirió su entrada, como lo es el caso de Jacque Pardo (argentina radicada hace años en Chile), un recibimiento eufórico, emocionado y agradecido.

Luego el viaje a Puerto Montt para volar a Coyhaique, capital de la Región de Aysén; tapado de nieve y cubierto de cariño, una sala literalmente repleta que vendió todas sus entradas. Después en el aeropuerto de Coyhaique el cariño de los funcionarios de la aerolínea, el regreso a Puerto Montt y la llegada a Puerto Varas de la Región de Los Lagos.

Ese día la recibió la belleza de un apacible Lago Llanquihue y la mirada tapada, pero atenta del volcán Osorno y el Calbuco. Una sala que la volvía a tener en menos de un año, para entregarle su cariño, admiración y a mi amiga Daniela Paredes que se deshizo en aplausos, cantos y vítores por su actuación.

“Gigante, dueña de todo como se le suele ver, con esa sonrisa tremenda en que sus ojitos se achican y explayan esa felicidad interna del disfrute del escenario, del cantar.”

El viaje continuó desde Puerto Montt a Capital, para luego viajar al sur de la Región Metropolitana de Santiago, la cita era en el casino Sun Monticello.

Ese sábado pintaba bonito, habían vuelto los días soleados a la capital, nos juntamos con mi querido amigo Luis Aros y nos encaminamos al casino. Existía mucha emoción en el ambiente y muchas caritas conocidas.

La sala muy llena comenzó a oscurecer, los gritos y aplausos se dejaron sentir, una introducción furiosa se dejó escuchar por un par de minutos y luego ella en el escenario: Gigante, dueña de todo como se le suele ver, con esa sonrisa tremenda en que sus ojitos se achican y explayan esa felicidad interna del disfrute del escenario, del cantar.

Pasamos desde la zamba a la chacarera; de la chacarera al chamamé y de repente: “Eres”, la dedicatoria a sus hijas; mientras Antonia y Regina en una esquina del escenario abrazaditas a su papá Jeremías, atentas a su madre en el escenario y la emoción del momento que podía calar cualquier corazón.

En un momento Regina camina hacia su madre empoderada, como haciéndonos saber que nos la estaba prestando sólo un ratito. Soledad la toma entre sus brazos mientras sigue cantando y ella se le aferra con el amor más profundo hasta su pecho, se entrelaza a su cuello en un cuadro enternecedor y emocionante.

Esa noche habían muchas más sorpresas. De repente en escena: Natalia Pastorutti, sí la hermana, con quien aquí muchas veces las han confundido y no saben cual es una y cual la otra. Natalia, la más fiel compañera, que pese a sus 7 meses de su primer embarazo, caminó despacio al escenario, se sentó y comenzó a cantar “Zamba para olvidar” de Daniel Toro y Julio Fontana, popularizada en Chile y el mundo por la inolvidable Mercedes Sosa. La interpretación de la bien llamada “Voz más dulce” fue tan hermosa, tan profunda, que casi no te permitía pestañar para no perderte de nada. Una voz dulce, pero con un poderoso poder interpretativo que nos emocionó, dejó atónitos y sacó aplausos a rabiar.

Luego había que continuar emocionándose; en un acto de solidaridad, humildad y cariño, Soledad invita a su amiga, la cantante chilena Camila Méndez al escenario y ambas interpretan una maravillosa versión de “Imagina” de su último disco “Vivir es hoy”.

Sin dudas, esa noche culminó como nos gusta sentir y disfrutar a Soledad y Natalia; con alegría desenfrenada, con pasión, cariño y admiración profunda.

Soledad y Natalia Pastorutti en Chile

La gira continuó hacia la maravillosa ciudad de Valdivia de la Región de los Ríos. Ahí frente al Río Calle – Calle, Soledad disfrutó por primera vez de la belleza del lugar y del cariño de su gente, una sala otra vez llena, cálida en emoción y cariño. Los Valdivianos se deshicieron en halagos, en regalos y Soledad se atrevió a dedicarles “El Cautivo de Tiltil” de nuestro cantautor y escritor Patricio Manns, que rememora la lucha de nuestro héroe, el patriota independista y abogado Manuel Rodríguez Erdoíza, asesinado en Til Til, comuna y ciudad ubicada al norte de la Región Metropolitana de Santiago.

Prosiguió hasta la austral Punta Arenas, capital de la Región de Magallanes y La Antártica Chilena. Allí se presentó nuevamente en la versión XXXVI del histórico Festival Folclórico de la Patagonia, con una transmisión en vivo a través de ITV Patagonia para la Región de Magallanes y para el mundo a través de la WEB, además de las radios locales, trasandinas y la radio Bío – Bío, en transmisión en directo para todo el país y el mundo.

Soledad nuevamente deslumbró a los magallánicos, quienes se agolparon a las boleterías para obtener un boleto para la noche inaugural con días de anticipación, agotando en horas la capacidad del lugar. Ella con su natural sencillez y pese lo tarde de su salida a escenario, no defraudó a toda esa gente que la esperó hasta pasada la 1 AM, que no se movió del lugar y que disfrutó con cada interpretación. A cambio Soledad recibió todo el calor humano de los magallánicos y pese las bajas temperaturas se llevó dos reconocimientos: El Ovejero y el Ñandú, este último premio del público.

Después de Punta Arenas y pese a las pocas o casi nulas horas de sueño y descanso. Soledad vuela a Santiago y de allí a Concepción (ya que no existen vuelos entre Punta Arenas y Concepción). Llegando por segunda vez a la capital Regional de la Región del Bío –Bío: Concepción.

La cita esta vez era en El Teatro de la Universidad de Concepción. Viajamos temprano con Luis el viernes desde Santiago, pasamos a almorzar a mi natal Curicó y luego continuamos viaje de al menos tres horas al sur. Allí nos reencontramos con nuestra amiga Daniela Paredes y sus padres que viven en la zona y que disfrutarían del concierto junto a nosotros.

Un teatro lleno de energía la recibió desde el principio y de repente una chica saca un vozarrón desde el público; Soledad la escucha y la ve, la invita a subir, mientras Jeremías la ayuda. Ya en el escenario se abrazan y Sole le invita a cantar lo que quiera. Soledad ríe, cuchichean y se ponen de acuerdo en “Ayer te vi”, la cantan a dúo y el show se vuelve aun más ameno, más familiar, cercano. Luego hace subir a otra chica, con una personalidad desbordante que a todos nos sacó carcajadas a gritos. Soledad como niña chiquita, salta, se mueve, baila, ríe y el ambiente se explaya como el karaoke en el living de casa. Nadie se queda quieto, todos de pie, bailando y disfrutando en una fiesta para no terminar.

Al finalizar nos miramos y estábamos rojos como tomates, sudados y muy chascones, pero llenísimos de energía como para continuar a Chillán.

Nadie se queda quieto, todos de pie, bailando y disfrutando en una fiesta para no terminar.

Al otro día continuaba soleado, paseábamos y disfrutábamos del hermoso día. Yo pensaba en lo lindo de que Soledad se presentara en Chillán por primera vez, tan cerca de la tierra de la mismísima Violeta Parra y de todos los Parra: San Carlos. Tan cerca de Parral de Neftalí Reyes (Pablo Neruda) -¿Acaso lo sabría?- y no muy lejos de mi Curicó, tan sólo a dos horas: de mis palmeritas, del cerro Condell, de las tortitas Montero, de la zona huasa, del vino y del asado en mi casa.

A Chillán llegamos bien, pero no sin antes pasar una pequeña anécdota, ya que equivocadamente pensamos que el concierto comenzaba a las 21:00 horas como en Concepción. Comenzamos a pasear, a comprar las famosas y apetecidas longanizas de Chillán (morcillas y chorizos). Cuando pasamos por el teatro y no vimos casi gente, se nos ocurre mirar las entradas y darnos cuenta que ya había comenzado el show a las 20:00 hrs. -¡Qué terrible confusión!- Rápidamente estacionamos y corrimos al teatro, entramos y por suerte para nosotros, no había comenzado puntual.

Este era el primer concierto internacional con el que contaba el Teatro Municipal de Chillán desde su inauguración hacía muy poco y Soledad tuvo ese reconocimiento.

Chillán y sus alrededores, son una zona muy arraigada a nuestras tradiciones, a la estirpe huasa y a sus íconos del folclore nacional, no es fácil entrarle, pero Soledad tuvo un recibimiento muy cariñoso, respetuoso y sin lugar a dudas, los chillanejos quedaron encantados con ella.

La gira había finalizado de la mejor manera, con una fiesta de gauchos y huasos en Chillán, revoleando el poncho y pidiendo siempre una canción más.

Analizando tal vez desde mi enfoque de admiradora de años de Soledad y Natalia, quizás no puedo ser del todo imparcial al hablar de ellas, porque siempre me va a brotar por los poros mi admiración y cariño, pero me he puesto a preguntar -¿Qué tiene Soledad?- y las respuestas no han sido muy diferentes entre el público chileno.

Soledad primeramente posee dos dones: Lo primero con lo que llega es con su tremenda voz, es dueña de una voz increíblemente espectacular, que consigue tocarte por dentro, que se te ponga la piel de gallina, te emocione y te ponga en frente la belleza del sonido.

Lo segundo es su personalidad, que ha sabido derrotar cualquier halago, cualquier premio, cualquier cúspide. Ella se conserva así; humilde, de su pueblo Arequito, cariñosa, atenta y como dijo Benedetti por ahí: “El dolor por el dolor ajeno, es una constancia de estar vivo” (Alegría de la tristeza – Mario Benedetti). Ese dolor, ese sentir por el otro: es empatía y eso lo tiene ella dentro, porque lo refleja. No todos gozan de esa constancia de vida; existen muchos que pueden conquistar a las masas con lo primero, pero muy pocos con lo primero y lo segundo.

Soledad: Yo no soy periodista, escritora, ni poeta, pero me honra que me hayan permitido escribir estas líneas. Mi mundo es mi familia, mis amigos, los que me quieren y hasta los que no. Es el derecho el que me da el pan y me permite soñar forjar un futuro mejor para todos.

Yo sólo soy yo: Tu admiradora, ya no creo que fans, porque para la edad y los años transcurridos ya no estoy para fanatismos; pero sinceramente admiro primeramente al tremendo ser humano en ti y me desarmo en aplausos cuando te escucho cantar tan bello, tan profundo, cuando te veo interpretar con tanta pasión, con tanto amor; admiro la belleza de tu grito y la de tu alma.

Estoy orgullosa de mi gente, de mi folclore, de mi patria y mis raíces; sin embargo no creo en los localismos, las fronteras son temas de los tratados internacionales y de los libros de geografía bilateralmente aceptados y políticamente respetadas, pero en la realidad son difíciles de definir, puesto que tenemos tantas cosas en común, una riqueza cultural tan grande que es difícil poner una frontera entre tan maravilloso intercambio.

Quiero que estés enterada que te deseamos lo mejor siempre, que te queremos y respetamos, que te esperamos siempre con los brazos abiertos: por el norte, por el centro y por el sur de Chile, y por último; por favor te lo pido, no te niegues de este cariño chileno por mucho tiempo.

Regresa pronto…

Quisiera agradecer a Soledad y a Dyego por la oportunidad. A Natalia y a todos, por la tremenda banda que conforman. Gracias.

Y por último, realizar una mención honrosa a tantos admiradores fieles de años, que por las circunstancias no pueden asistir, pero que igual siempre están presente. Entre esos tantos, a Esmeralda Valiente, Daniel Arrieta; gracias y fuerzas. A Dora Datavio (Q.E.P.D) y Berna Villarroel Guerra (Q.E.P.D) a sus familias paz.

Araceli Navarro Rojas.

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