Entre el tifón y la brisa


El domingo, en ATE Casa España.

Soledad llegará para presentar “Vivir es hoy”, su última placa solista. En la previa, charló con El Litoral sobre su presente como artista y mujer.

Soledad Pastorutti regresa a Santa Fe a mostrar “Vivir es hoy”, su nuevo disco solista, producido en Los Ángeles por el cantante peruano GianMarco y con la colaboración de estrellas como Carlos Santana, Zezé Di Camargo y Carlos Vives. Será en ATE Casa España (Rivadavia 2871) desde las 21. Antes de su venida, la cantante dialogó con El Litoral sobre 20 años de vida y música.

— ¿Cómo fue hacer “Vivir es hoy”?

— Nos tomamos el tiempo para disfrutar el proceso, donde hay canciones que requieren algún tiempo de maduración: algunas te compran desde el vamos, como amores a primera vista, y después otras necesitan un análisis un poco más profundo. Llevó dos años y un poco más. La idea inicial era buscar canciones que nos gustaban (con Matías Zapata, que es el otro productor junto a GianMarco). Empezamos a probar las primeras que sabíamos que tenían que estar: “Cuando me abandones” (la chacarera de Cuti Carabajal) y “Cielo de mantilla”, que las veníamos probando en vivo, les iba muy bien y nos encantaban. Empezaron a surgir otras ideas, ampliamos el espectro y terminó resultando un disco que, a mi gusto personal, es uno de los más lindos que tengo.

— Arrancaron con “Dame una sonrisa” como primer corte.

— Cualquiera de los temas hubiese estado bien. Hay una idea de llegar a la gente desde otro lugar; la gente me conoce muy bien, ya sabe quién soy, el público cautivo lo tengo desde hace ya 20 años. Pero quiero trascender en el tiempo y eso se logra cuando llegás a públicos nuevos. Nos parecía que el dúo con Carlos Vives era el más acertado: es como un lugar más “comercial”, pero que me ha sido común durante muchos años. Y el tema me gusta, Carlos tiene una energía muy linda, le dio todo a la canción: puso la letra, se vino acá para hacer el video.

— Con 20 años de carrera, estuviste más tiempo arriba del escenario que abajo, y te convertiste en mujer a la vez que en artista madura.

— Fue un proceso que llevó mucho tiempo y fue natural; quizás para la gente no tanto: el público más general (no el cercano) va viendo saltos tuyos, apariciones repentinas. La primera aparición mía fue en aquel Cosquín, y con los primeros discos: vestida de gaucho, con mucha energía, captando un público nuevo para el folclore. Todavía con mucho para pulir. No era trascendida por lo que después vino: el éxito, la posibilidad de sentirme más cómoda en distintos escenarios, de conocer otros artistas, de hablar con la prensa. Después con el tiempo uno va armándose de cosas, valiéndose de diferentes recursos. Cuando empecé, como no era una profesional, cantaba dos o tres temas y me quedaba disfónica, no sabía armar un show. Los años y la gente con la que me he rodeado me valieron de esas herramientas; y después también la cuota de suerte, de un público que me sigue dando oportunidades. Nací en el escenario y es el lugar donde más cómoda me siento; siempre que me subo trato de que sea un momento único, para mí y para la gente. Todavía hay mucho que pulir: ya tengo 20 años de carrera, pero recién tengo 20 años de carrera (risas).

— A la edad en que muchos están viendo qué onda, tenés ese bagaje encima.

— Eso es más complejo que en otros casos, porque si bien arranqué con la vara súper alta y el éxito, también arranqué con una etiqueta, fui determinada cosa para la gente. Entonces hay que mantenerse en el tiempo e ir encontrándose artísticamente: porque a los 15 podía estar segura de algunas cosas, pero no sé si de todo; quizás ahora no lo estoy, pero sé qué cosas no haría. Lo positivo es que todavía estoy; lo negativo es lo mismo para todos: nunca se termina de aprender, nunca se termina de convencer a todo el mundo, y hay que seguir y seguir.

— Ya no sos el “Tifón” sino algún otro fenómeno climático.

— (Risas). No, la energía se mantiene, por supuesto que uno aprende a dosificarla: los matices siempre son buenos, a veces menos es más. No es que tenga tan claras las cosas, lo que sí hemos mejorado mucho: la banda ha cambiado, suena muy bien y me emociona cuando muchos colegas nos llaman y nos felicitan por cosas que hacemos. Eso está bueno, porque nunca fuimos en lo musical los favoritos, por lo menos al comienzo. Éramos pura energía, puro carisma, pero faltaba mucho lo otro. Convertir aquello en esto ha sido un lindo desafío y tenemos que estar muy felices.

— ¿Cómo fue participar en “Zonda”, de Carlos Saura?

— Una alegría muy grande y una grata sorpresa. Al principio cuando me dijeron que era “Añoranzas”, mi primera respuesta fue: “A mí me gustaría hacer algo del Litoral o la Pampa, algo que represente la zona donde vivo”, porque había muchos santiagueños y muy buenos. Carlos quiso que sea yo, así que con muy buen tino invitaron al maestro Eduardo Spinassi, que arregló la canción con mis músicos, y quedó una versión tan linda que ahora la estamos haciendo en vivo.

— Se baila un chamamé pero nadie toca…

— Yo sugerí, pero le dije: “Yo estoy en la película como sea, con un plumero en la cabeza”. El folclore argentino es tan grande, que debe ser muy difícil de resumir en una película. A mí me hubiese gustado que esté Horacio Guarany. Di mis sugerencias, porque soy bocona, pero no es mi película.

— Estás en la tele con “Ecos de mi tierra” y “Elegidos”.

— En principio estoy agradecida por la oportunidad que me da la televisión de existir, porque hay un público que sabe que existís si salís en la tele. Hoy las redes sociales y la televisión coparon todo. Hace años que Canal 7 viene dándome esta oportunidad de crecer; no como conductora: lo que se da es una charla de dos personas que hacen lo mismo. Vivo la misma vida que los artistas que vienen, entonces puedo preguntar desde mi lugar. Y a mí me enriquece: lo que más me dolió de haber sido famosa muy joven es haberme perdido la bohemia del folclore, compartir las peñas desde otro lugar. Esto me ha dado la oportunidad de conocer a muchos artistas, entender el porqué de sus canciones, su historia, sus obras. Con respecto a Telefe, es un show maravilloso y una competencia: va a ganar uno solo y creo que a esta altura todos son buenísimos. Voto mucho con el corazón, porque hay gente que quizás no lo hace tan bien pero le pone toda la garra y tiene que estar. Y después están los que lo hacen muy perfecto, pero a mí no me llegaron. Es bastante duro, porque como nunca gané ninguna competencia, siempre me sentí fuera de los concursos, ser un jurado es más difícil.

— ¿Cómo fue subir con Serrat a cantar “Aquellas pequeñas cosas”?

— Mis ídolos máximos son Horacio y el Nano, me crié escuchándolos. A Serrat, además de admirarlo profundamente, le tengo ese respeto por todo lo que representa; más allá de lo que compuso es parte de nuestra historia, a pesar de que es de otro país. Tuve la oportunidad de cenar en su casa de Barcelona hace unos años, de compartir muchos momentos, vino de por medio; pero era la primera vez que podía cantar con él.
Esa canción es muy especial, así que no pude evitar emocionarme y decírselo: “Estoy más nerviosa que si me fuera a casar”, y se rió. Te intimida, tiene una fuerza, una energía… Es un grande, de ésos de los que ya no quedan muchos.

— Él se rió cuando vos cantaste “lloramos cuando todos nos ven”.

— Claro, porque yo estaba llorando y todos me estaban viendo. Mirá qué irrespetuosa que soy que le cambié la letra. Pero se reía, porque cuando fuimos a ensayar me empezó a mirar y me olvidé de toda la letra. Me contaban los de la producción que les pasó a todos los invitados.

— ¿Cómo se compatibiliza todo esto con la maternidad?

—No es muy fácil. La vida para mí es un Tetris, van cayendo las fichas y las voy colocando a medida que puedo: a veces me quedan bien, a veces más o menos. Tengo dos hijas maravillosas que se adaptaron muchísimo a esta forma de vida: generalmente no estoy durante la noche. Y ése es el horario en que los chicos más te necesitan. Mi mamá me ayuda mucho, también una amiga asistente de hace 20 años. Pero es una parte que todavía no está resuelta.

— Hace tiempo que venís trabajando ese costado más latinoamericano, como hace poco en “Raíz”, junto a Lila Downs y Niña Pastori (Latin Grammy al “Mejor álbum de Folclore”).

— Coincido en que no es casualidad, lo vengo elaborando desde hace mucho tiempo. Al folclore le cuesta mucho más salir afuera; no lo creo imposible, pero siento que la unión hace la fuerza y que este proyecto nos ayudó mucho a las tres a iniciar un camino diferente. Se venía demorando por varios motivos: somos tres mujeres que vivimos en lugares muy lejanos pero sabía que se iba a dar. Después quedé embarazada de Regina, antes María (Pastori) quedó embarazada de su segunda bebé. Al principio era por el gusto de juntarnos y hacer música. Cuando vimos los resultados, que unir culturas diferentes era muy enriquecedor, nos hizo mucho más felices de lo que pensábamos. Nos llevó a formar una gran familia, con diferentes acentos y formas de decir las canciones.

— Los temas arrancan en su género pero van mutando. Y en tu caso parece que, viendo que Lila tiene un registro parecido al tuyo, vas para otros lados con la voz para buscar una individualidad en lo tímbrico.

— Tengo un registro muy parecido al de Lila, quizás no utilice mucho los falsetes porque nunca fue mi fuerte. Cuando empezamos a hacer versiones de los temas, sobre todo con “Tren del cielo”, a veces parecíamos la misma persona. Entonces usé la voz más “popera” en algunos casos, para diferenciarme. Y también fui un poco la que unificó ambas voces: Lila arranca de un registro más bajo que el mío y María se desprende allá arriba, culturalmente para ella es mucho más cómodo así, se siente ella. Fue como un laboratorio: cada una tenía su manera de calentar la voz, de prepararse. Una experiencia que repetiría con gusto, sobre todo por la amistad que nos quedó.

—Podrían sumar una fadista portuguesa o una brasileña.

—Debería replicarse con otra gente y otras culturas: es súper interesante lo que se genera en lo social.

Por Ignacio Andrés Amarillo
www.ellitoral.com

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