"Soledad fue el duende de la felicidad del viernes"


Jesús María, Córdoba.

La Sole sigue teniendo la mayor taquilla de la historia de esta fiesta, 33 mil entradas cortadas en la edición de 1998, y no se vislumbra que vaya a aparecer otro artista que logre semejante convocatoria. Pero aquella Soledad, la de los saltos alocados, el revoleo de poncho, y una banda que parecía en 78 cuando el disco era de 45 rpm, dio paso a una mujer, bellísima mujer por cierto, que en esa femeneidad ganó mucho más de lo que dejó en el camino.

Desde el atuendo, una especie de enterito blanco con delicada puntilla en la parte superior y un corte que simulaba una bombacha de gaucho en la inferior, separado por un grueso cinto marrón bien campero, y zapatos de taco alto, pasando por el maquillaje hasta el delicado peinado con unos definidos bucles. Puede parecer un detalle, pero en ese cambio de vestuario hay mucho más que una elección casual.

Y esta Soledad no olvida que este anfiteatro José Hernández le abrió las puertas hace 19 años y le dejó seguir viniendo en cuanta oportunidad quiso y pudo. Por eso, casi sobre el final decidió hacer entrega de un presente a la comisión organizadora. Pero volviendo a la actuación del viernes, vale señalar que cumplió con las expectativas del público que se retiró feliz tras las casi dos horas de espectáculo.

Su repertorio fue del litoral, a Santiago del Estero, y a la región del NOA en segmentos bien definidos. Desde los chamamés que entregó con Por las costas entrerrianas, y Lucerito Alba, o la zamba Lo que es estar de vuelta de Horacio Guarany, y el ramillete de chacareras que fue alternando, entre ellas, Entre a mi pago sin golpear, Digo la Telesita, La simple, Añoranzas.

Me gusta ir con el pulso de ustedes porque si no los veo felices, a mí me pasa lo mismo”, señaló la Sole mientras explicaba que la selección del repertorio para estar en los 50 de Jesús María fue difícil y que en esa noche, pese al aplomo que se le notó arriba del escenario, sentía los mismos nervios que en las primeras presentaciones.

Después, vendrían las canciones carperas con La serenateña, De Alberdi, y De Simoca, antes de dar paso al segmento de los clásicos con Dejame que me vaya y A Don Ata a la cabeza. Antes de los bises, un popurrí de carnavalitos sirvió para dejar los corazones listos para el aplauso rotundo y agradecido de un público que reconoce en Pastorutti a aquella niña/adolescente que le dio un vigor que el folklore no tenía a fines de los ‘90. A ella, el folklore le tendría que agradecer haberle renovado y abrirle las puertas a cientos de expresiones jóvenes.

Soledad fue el duende de la felicidad del viernes.

Aquella todavía adolescente santafesina que asomó aquí en 1997, que a fuerza de revolear el poncho se hizo llamar “el Huracán de Arequito”, tal vez ya no tenga el despliegue enloquecido de “animal de escenario” de entonces, parece entender mejor de qué se trata este tipo de reuniones masivas de la cultura popular. Es una chica de pueblo de matriz inmigrante, que se incorporó al folklore con una manera particular de sentirlo que es diferente a cómo se siente en los paisajes de origen de nuestras principales músicas (de hecho, todavía ni ella ni sus seguidores llevan las palmas en una chacarera como corresponde), pero ha hecho de esa aparente debilidad, su fortaleza. La clave de la excitación que propone sigue siendo sobre todo chacareras y chamamés, pero aquella manera suya de repasar el cancionero ha encontrado un poco de calma, de cierta madurez. Su modo de cantar, incluso, ya no acentúa tan impetuosamente. Más allá del estilo y la interpretación, su conexión es puramente folklórica (“Si nosotros no nos queremos, si no queremos a nuestro país…”, decía) y el vínculo afectivo con la gente está determinado por su personalidad tan fresca y natural, que la hace incluso improvisar el repertorio en escena, hablar con la gente en un diálogo real y hasta besar a decenas de chicos sin que el gesto parezca fuera de su registro espontáneo. Es, podría decirse ahora, un “animal de festival”.

Fuente: La Voz del Interior

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