"Ahora quiero parar la pelota" (Clarin)


A punto de cumplir 26 años (el 12 de octubre). Soledad Pastorutti está preparando dos despedidas, que son, a la vez, dos comienzos. Una es el show que presentará el 7 y 8 de octubre para despedir su disco Diez años de soledad, en el Gran Rex. La otra despedida es la de su soltería.

¿Cómo te preparás para tu nueva vida de casada?
Con Jeremías siempre vivimos muy cerca uno del otro pero nunca convivimos. Yo estoy dispuesta a asumir todo lo que viene con la convivencia. Además uno nunca se imagina lo malo. Eso sí, un punto a discutir es el cigarrillo porque Jere fuma y yo odio el cigarrillo. Pero es ordenado, sabe cocinar, lavar, no es el típico nene de mamá y se lo agradezco a mi suegra. Yo me caso porque lo siento porque si hacés demasiadas cuentas o análisis, no sé si te animás. En nuestro caso parece todo muy perfecto y ordenadito pero yo sé que eso no es garantía de nada. Sí sé que lo quiero y él me quiere.

Cumplir diez años de carrera a los 25, suena fuerte, ¿no?
Siento que es un momento de reconocimiento. No es poco lo que hice hasta acá pero no me conformo. Es un momento de ver dónde estoy parada. Cuando yo exploté como boom no me daba cuenta de nada, era muy chica y después, me di cuenta de que el verdadero éxito es el que se va desarrollando con los años, el paso a paso. Entender eso me costó algunas lágrimas. Además soy bastante desconfiada. Es más: cuando todo está muy bien, soy de pensar uy, qué pasa, porque tampoco me gusta dormirme en los laureles. Por suerte, me siguen pasando cosas muy fuertes con el público, sobre todo en el interior, y eso es lo que a mí me sostiene.

¿Estás pensando en darle un cambio a tu carrera?
Después del show y del verano trabajando en festivales, tengo ganas de parar un poco la pelota. Y pensar en el exterior que fue algo que tuve relegado por mis compromisos acá. Ahora voy a Chile, Bolivia, los países limítrofes donde la gente responde, hay una conexión fuerte. Pero muchas veces me han invitado de Israel, de Rumania, lugares donde hay mucho interés por lo latino, y tengo ganas de rumbear para ese lado.

¿Te sentís más segura con tu desempeño profesional?
Lo que tengo creo que es interesante, pero no es mi techo. Sí me está dejando más conforme lo que hago. Logré asentarme en el escenario. Además, el setenta por ciento de mi repertorio sigue siendo folclore, con matices. Pero también hay otras cosas y la gente la pasa bien. Yo siento que mi lugar para mostrarme, no es tanto el disco, sí el vivo. A mí dame un escenario y ahí es donde me siento mejor, no sé que es lo que pasa, siento que me transformo. Será porque me acostumbré de chica, desde los 8 años estoy actuandoen escenarios de todo tipo. Para mí es el mejor momento de todos.

¿En qué cosas creciste?
Bueno, ahora estoy escribiendo más, humildemente. Me gusta ir probando de a poco. Y también estoy con clases de guitarra y quiero hacer más cosas. Tengo ganas de empezar un disco nuevo pero por el momento tengo que dejar que ruede un poco más éste. Y ver qué viene después.
Soledad está más grande, se nota. Se la ve más suelta, más sexy y segura de sí misma. Pero no deja de ser la chica de Arequito que se compra a todo el mundo cuando sube a cantar a un escenario y despliega lo suyo. Entusiasmada y nerviosa con la proximidad del show. Soledad cuenta detalles, como por ejemplo, que por primera vez tendrá músicos invitados: Luciano Pereyra, Abel Pintos y Mario Bofil, entre otros. “Y estamos hablando con Mercedes Sosa”, desliza. “Me invitó a comer”.

¿Cómo fue el encuentro con ella?
Hermoso. Me invitó a su casa. Yo nunca había hablado con ella. La gente siempre armó entre nosotras como un River-Boca que nunca existió. Y fue muy lindo encuentro, ella es un camino a imitar. Fuimos con mi familia, le llevamos un regalo de un artesano y yo estaba muy nerviosa, imaginate. Nos contó anécdotas, habló muchísismo, comimos empanadas. Me contó que sigue estudiando canto.

¿Te dió consejos?
No, yo creo que el mayor consejo es verla a ella.

Aquella nena que revoleaba ponchos y arengaba desde el escenario con naturalidad es la misma que hoy confiesa que “los artistas tenemos muchas inseguridades. Y está bueno encontrar a alguien que también se siente un bicho raro, y compartir esa sensación. En el folclore somos una gran familia”. Y es la misma que nunca se olvida de nombrar a su hermana Natalia. “Siempre me ayuda a organizarme, es genial. Yo la consulto mucho, ella es dos años más chica pero parece más grande por su forma de ser. Tenemos una relación especial, de mucho cariño, sin invadirnos ni ser pegotes. Bueno, ahora me va a matar porque me dejó encargado ponerle suavizante a la ropa y me olvidé”.

El 2007 va a ser especial: te casás y después te tomás casi un año sabático.
Buenos, en realidad, todo lo que aguante, no sé. Pero tomarme varios meses va a ser saludable. El año pasado hice un año de Facultad, Ciencias Políticas, pero no viví porque seguía laburando. Aunque tengo en mente retomar la carrera en algún momento. Pero lo que estoy segura es que nunca voy a dejar de cantar. Ahora estoy ansiosa por el show en el Gran Rex porque Buenos Aires no es una ciudad fácil. En un pueblo como Arequito, ponés un cartelito o se entera el carnicero y ya alcanza para llenar cualquier lugar. Igual, yo soy cero problema, no estoy todo el día sonriendo pero no me involucro demasiado en rollos de divismo y esas cosas. Por ahora, por lo menos (risas).

¿No podrías ser la diva del folclore?
Já, ¡la diva de los ponchos!. Estaría bueno que el folclore tenga sus diva, porqué no darle un poco de glamour. No… no me lo imagino, pero todo puede pasar. No, en serio, mirá, a mí me dieron con un caño cuando arranqué, por experimentar. Pero la música no se puede rotular, y además, poca gente se hace cargo de ciertas cosas que escucha. Por suerte hay muchas mezclas y cruces y hay espacio para todos. Yo estoy convencida de que el folclore siempre va a necesitar de un José Larralde, un Horacio Guarany, una Mercedes Sosa. Pero también va a necesitar de sus Nocheros y de su Soledad.

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